Que hace que busquemos tanto tanto en nuestras vidas, a lo largo de ella, durante ella, en los recovecos y rincones de ella, y finalmente descubramos que no estaba tan lejos ni tan cerca. Estaba dentro de nosotros.
Es como aquel individuo que durante toda su vida buscó a Dios en las iglesias, en los templos. Pero allí solo había imágenes y personas hipócritas. Lo buscó en sus amigos, en grupos de apoyo, y encontró amistad y amor. Y también envidia y egos. Pero el quería mas. Quería una luz. Una señal. Lo buscó en las poblaciones y barrios periféricos. Y encontró solidaridad y amor. Como también halló miseria y pobreza, y entonces se preguntó,¿donde está Dios? ¿donde se le puede encontrar?
Porque tantas personas tienen tanta fé en el y sin embargo otras se llevan la vida buscando y aparentemente, sin resultado?
No tengo la respuesta. Triste. Hubiera querido contestarla. Y dar una respuesta de esperanza para aquellos que buscan sin cesar.
Sin embargo, puedo decir que algunas personas tienen que pasar por esa búsqueda para hallar, quizás mas cerca de lo que suponen, una chispita de Dios, una hebra que te permitirá tirar y tirar la madeja que esconde el mas divino tesoro: la verdad.
¿Acaso no buscamos eso? ¿La verdad? Aquella verdad que nos hace libres. O al menos eso suponemos. Siempre vemos que el pasto del otro lado de mi jardin es mas verde. El sofá de mi vecino es mucho mas comodo que el mio. "Cuando cambie las cortinas sí que seré feliz, muy feliz". En realidad, es mentira. No seré mas feliz que lo que puedo serlo ahora porque simplemente yo no lo he decidido asi. "Cuando jubile voy a ser tan feliz!". Tambien mentira. Si no puedo reconocer que la felicidad está en nuestras manos, aqui y ahora, menos voy a reconocer a Dios ni aunque viniera a tocarme el timbre.
Porque no estoy mirando claramente. Por ejemplo el individuo que busca incansablemente. Busca siempre afuera. Busca en los templos, que son estructura hechas por el hombre para recordarse que alli tiene que ir para sentirse iluminado. Pero fuera del lugar ya se le olvidó para que lo construyó, o para que va allí.
Busca en grupos y escuelas pero si no le agrada lo que escucha se retira diciendo que alli tampoco encontro a Dios. Difícil que lo encuentre, si no se queda lo suficiente.
Pero se olvida de aquella señora de edad cerca de la esquina de su casa, que le ayudó a levantarse y le ofreció un vaso de agua cuando venía como un bolido y se cayó en un hoyo que no vio. Aquella señora que él nunca saludaba porque no sabia su nombre, aunque la veía barrer su vereda cada mañana.
O aquel gentil hombre que le abrió la puerta del banco regalándole una sonrisa. Acaso no está Dios allí?
O cuando se fue de viaje a Torres del Paine y quedó mudo al ver ese paisaje. Acaso no está Dios allí?
Tendemos a pensar que Dios es un ente con alas y majestuoso y por ende debe ser magnífica su aparición. Y además hemos visto tantas películas con efectos especiales extraordinarios, que creemos que su encuentro debe ser asi. Con efectos especiales!

Que bonito Paulinita!!!
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