
Solos llegamos aqui y solos nos iremos.
Lástima que lo descubrimos cinco minutos antes de nuestra muerte, y a veces ni eso.
Esa verdad que tanto buscamos a lo largo de nuestra vida.
Buscamos sin darnos cuenta que la verdad está bajo nuestra nariz. Buscamos en las iglesias, en las sinagogas, en los templos, en el cura de la iglesia, en nuestro pastor.
Cuando la respuesta mas simple, nuestro Padre lo puso tan cerca que no lo vemos! Ni siquiera buscamos allí!
Aquí dentro, en nuestro interior.
Sí. Esa voz que no escuchamos. Esa vocecilla que evitamos escuchar, en los pocos silencios que nos permitimos. Hemos perdido la capacidad de escuchar nuestro interior para centrar nuestra búsqueda en nuestro exterior.
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