Continuamente me he preguntado, qué hace que vayamos por la vida, mirando un punto en el horizonte sin siquiera detenernos a mirar los "muertos" que vamos dejando en nuestro camino. ¿Qué nos mueve cuando se atropella un perro en la vía? ¿Y no paras a socorrerlo? ¿Es tan insignificante para ti? ¿Y si hubiera sido un niño que pide en la calle? ¿También sería insignificante? ¿Y si hubiera sido tu hijo? Tambien sería insignificante. Porque el punto aquí no es el hijo o el perro de quien era. Si era insignificante o no. El punto es, qué te impide tomar conciencia real de que solo en los actos verdaderos estarás en paz. Si paraste para ver qué le había pasado al perro que atropellaste, porque te mueve el qué dirán de ti si no lo haces. ¿Te mueve la culpa? ¿Te mueve la ira? ¿Te mueve el amor y la compasión? No es importante lo que yo piense de ti. Es importante lo que tu sientas de ti mismo. Por lo tanto, hazte la pregunta: ¿qué es lo que siento ahora de mi mismo? Y si vas por la ví...
"No tengo tanto tiempo como para consumirlo a toda prisa".